jueves, 24 de enero de 2008

CUACOS DE YUSTE

Monasterio de Yuste

En el nordeste extremeño, a resguardo de la Sierra de Gredos, florece un auténtico vergel que da vida a la paradisíaca comarca cacereña de la Vera, un lugar donde ya el primitivo geógrafo griego Estrabón situó los místicos Campos Elíseos. Robles, alcornoques y pinos se adueñan de su paisaje, surcado por un sinfín de trucheras gargantas y arroyos que bajan en torrente hacia el río Tiétar. Por obra y gracia del pantano Rosarito y en aras de su peculiar microclima, en sus tierras brotan toda clase de frutales, algodón, tabaco y ese pimiento de bola, alma del pimentón verato que, traído de América, adaptaron los jerónimos a las huertas del monasterio de Yuste. A 524 metros de altitud y entre viejos árboles, Cuacos vive su mágica arquitectura popular inmerso en un paisaje declarado Paraje Pintoresco. La madera de roble y de castaño pervive en sus encalados entramados de adobe, en sus balcones y galerías cuajadas de lustrosas macetas, en las vigas sobre las que descasan sus pronunciados aleros. Por el centro de las calles empedradas, angostas y retorcidas discurre el agua a través de sus típicas regueras.

En una pequeña plazoleta descansa la que fue morada de don Juan de Austria “el bastardo Jeromín de Carlos I” con su porche de góticas columnas pétreas. En el dintel de cantería puede contemplarse un escudo con la cruz de Santiago y cuatro conchas, mientras en el interior nos sorprende la curiosa puerta de su alcoba, con 365 piezas que configuran la cruz de Caravaca. Su plaza Mayor de traza rectangular guarda el sabor entre balcones corridos y soportales de pilares de piedra y madera que rodean su fuente de cuatro chorros. Sobre el caserío se alza con aire de fortaleza su iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, levantada en el siglo XV, que conserva un órgano regalo del Emperador. Castigado por la emigración, sus apenas mil habitantes celebran la Fiesta del Emigrante del 14 y 16 de agosto con festejos taurinos y el 24 de junio a San Juan, al que ofrendan con exquisitas magdalenas, roscas de aire y perrunillas. En la fachada de la ermita de la Magdalena hay un cochinillo de piedra roto. Cuenta la leyenda que un vecino de Garganta la Olla soñó una noche que su fortuna estaba en la Puerta del Sol de Madrid. Sin revelar su secreto a nadie, recabó a duras penas un puñado de monedas entre sus familiares y marchó a la capital. En el corazón del foro y sin comer apenas deambuló hasta que un día alguien le preguntó que hacía allí demacrado y sin rumbo. El verato contó su historia y el madrileño le aconsejó que no hiciera caso de los sueños porque no tenían ningún sentido. Él mismo –le dijo- había soñado con un cochinillo de piedra lleno de monedas de oro en la portada de la iglesia de un pueblo llamado Cuacos de Yuste. El de Garganta tomó nota, regresó a su tierra loco de contento, se llegó hasta Cuacos y encontró el tesoro.

Cuacos pasa a los anales de la Historia cuando Carlos I de España y V de Alemania decide retirarse al monasterio de Yuste (en cuyas cercanías y a lo largo de una serpenteante carretera descansa un curioso cementerio dedicado a la memoria de los soldados muertos en las guerras mundiales). Se cuenta que a principios del siglo XV dos ermitaños de Plasencia se llegaron hasta aquí en busca de penitencia y oración, instalándose en la ermita de El Salvador. Se le unieron otros tres santos hombres y tras ingresar en la orden de los Jerónimos en 1415, construyeron un monasterio en los terrenos cedidos por un vecino de Cuacos llamado Sancho Martín, situados al norte de la villa, en la falda meridional de la sierra de Tormantos. El proyecto se realiza bajo la protección del señor de Oropesa, quien a mediados del siglo XVI amplia el edificio. Carlos V pisa tierras extremeñas en Tornavacas el 11 de noviembre de 1556, reside en el castillo de Jarandilla de la Vera hasta que rematan su austero palacio adosado al templo y el 3 de febrero de 1557 llega a Yuste. Allí recibirá muchas visitas de reyes y santos y se dedicará por entero a la lectura, los rezos y los cantos gregorianos. Desde su habitación podía oír la Santa Misa a través de una ventana que comunicaba con la iglesia, mientras en una terraza que daba al estanque cercano tomaba el sol e iba de pesca. El resto de las estancias del palacio albergan nobles muebles las sobrias paredes. Aquejado de gota, no fue esta enfermedad la que segó su vida un 21 de septiembre de 1558, sino un paludismo galopante. Con la Desamortización de Mendizábal los monjes se ven obligados a abandonar el monasterio en 1835, pero en 1958 los jerónimos vuelven a regentarlo. L iglesia es una nave con bóveda de crucería y bella sillería gótica del siglo XVI, en nogal. Su claustro gótico de dos pisos luce arcos carpanales sin capitel, mientras el renacentista aloja en su arquería inferior columnas de capiteles jónicos. La austeridad del palacio hace pensar en aquel extraordinario emperador que después de haber regido el mayor imperio del planeta, muere en un humilde monasterio cacereño tras celebrar en vida sus propios funerales.

2 comentarios:

Mr-catering dijo...

Preparando un viaje a la Vera he dado con tu blog, la verdad es que parece muy interesante la inofrmación que nos proporcionas de Cuacos de Yuste!!!! la verdad es que me ha sido muy util y tomo nota de todo lo que nos cuentas para mi viaje!

buen blog! saludos

José dijo...

En el blog indicas que en la fachada de la ermita de la Magdalena hay un cochinillo de piedra roto. Me podrías decir dónde está esa ermita y en qué fachada se encuentra
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